
Circula una
leyenda urbana sobre las primeras películas de cine en la que aquellos ingenuos primeros espectadores se asustaron
al ver una locomotora acercarse a la pantalla.
Los Lumière consiguieron sorprender y espantar a un público poco acostumbrado a ver imágenes en movimiento fuera de la realidad. Poco después, algunos de los
primeros espectadores televisivos se asustaron al ver las primeras televisiones en sus casas:
"¡Paco! ¿¡Qué me has traío a casa!? ¿Una caja con la cabeza de un tío que habla? ¡Paco no me asustes eh! ¿Ya has discutío en el bar por el fútbol?" Aquellos primeros telespectadores fueron pioneros en discutir con la tele, una costumbre que se ha extendido
hasta nuestros días.
Hoy en día la gente no se asusta por cosas así, sin embargo muchos continúan hablándole a la tele
como si de una persona humana se tratase. ¡Incluso a veces las maltratan! Cuando
no funcionan le dan golpes y le gritan:
"¡Venga! ¡Funciona! ¡No te hagas la longuis!" Los aparatos también sufren amigos, y ante tales torturas vuelven a funcionar como por arte de magia. Pero el tema que nos ocupa no es si la gente habla o no, como esa gente que
le habla a las plantas como si fueran colegas de toda la vida:
"Ay, Maru, ¿te cuento la última que me ha soltado mi enredadera?" El tema que nos ocupa hoy es esa gente que
le grita a la tele a lo bruto, que desgarra sus cuerdas vocales desgañitándose soltando alaridos que escucharían en cien kilómetros a la redonda. Pero que no sabe que
la tele es sorda.

Uno de los motivos por el que estas personas le gritan a la tele suele ser
el fútbol. Este deporte siempre provoca agresividad, nervios y tensión a todo aquel aficinado que lo vive.
En el terreno de juego al menos un árbitro te puede oir aunque sea de pasada, pero gritarle a una tele:
"¡¡Cabróoonn!! ¡¡Tu madre tiene rabo!! ¡¡Cerdo, ladrón, vaya robo!! ¡Joputa! ¡Tus muertos pisoteaos en bicicleta eso era fuera de juego!" no funciona demasiado. Supongo que como método anti-estrés y de
canalizador de energías feng-shui debe ser útil. La próxima vez que una pija ociosa se apunte a un curso de chacras, malos karmas y historias raras con incienso, que piense que el fútbol inventó eso mucho antes y que gritarle a una tele
hija de puta es mucho más relajante que todos los yingseng ceregumil, ying y yang y yayatouré juntos.
Pero no solo de gritos futbolísticos vive el hombre, también
los políticos se llevan lo suyo. ¿Qué utilidad tiene gritarle a un telenoticias? Ojo, eh, que ni escuchan lo que dicen
los políticos contrarios a sus gustos. Aparecen en pantalla y
ya están gritando:
"¡Chorizo! ¡Embustero! ¡Zapatito a tus zapatos! ¡Hililloghssh de plashhtilinaasshh!" A cada uno le gritan lo suyo. Y es que ser político es la profesión que más
se asemeja a la de un árbitro de fútbol. Siempre que se puede, se les
insulta. Algo habrán hecho.

Eso sí, si hay algo que sin duda alcanza el
súmum de los chillidos de estas personas gritonas televisivamente son los concursos. ¡Es todo un espectáculo
ver el Pasapalabra con una persona de este tipo!
"¡Panegírico! ¡Que era panegírico! ¡Concubina! ¡Que era concubina! ¡Sinergia! ¡Que era sinergia!" Y era panadero, cofradía y sarandonga. Son ese tipo de personas que creen que
lo harían mucho mejor que los que están en la tele concursando, que son unos inútiles, y seguramente no pasarían ni la primera prueba de casting. Normalmente suele coincidir que son las mismas personas que dicen que
si fueran presidente del Gobierno arreglarían
la crisis en dos patadas.
Aunque lo mejor es verlos cuando ven alguna película o
serie de televisión. Son los eternos
salvadores de los personajes. Si ya deberían saber que la rubita
tetona, actriz secundaria, en cuanto que se quede a solas en la casa de campo el psicópata la matará:
"Ay, ya voy yo sola a por leña, no hace falta que me acompañéis". O ese actor secundario que
enseña la foto de la novia:
"Después de la guerra nos casaremos" ¡Ya se sabe! ¡Van a palmarla en la siguiente escena! Pues nada, ellos gritan:
"¡¡Cuidao!! ¡No vayas por ahí! ¡Que te va a matar! ¡Pero...! ¡Nooo! ¿Pero qué haces inútil? Ya está, ya la ha matao, si es que mira que la avisé".
Ellos a lo suyo, la sordera de la tele nunca les hará desistir.
Cabe preguntarse por qué lo hacen. ¿Se sienten solos?
¿Necesitan un desahogo? ¿Qué fina linea separa el chillar a una tele con terminar tirándola por el balcón? ¿Algún día conseguirán que alguien se siente al lado suyo a ver cualquier concurso?
¿Y en el cine? Bueno, en el cine ahora chilla cualquiera que no pasa nada. Eso sí, ver la tele con una de estas personas tiene que ser un tormento, supongo que solos estarán mejor, al fin y al cabo, la
tele es
la única que les comprende.