jueves, 26 de noviembre de 2009

HOY NO SÉ QUE CONTARTE



Acabo de llegar a casa con el corazón supurando los puntos. Te he sentido cerca, pero enseguida distante, radiante, espléndida, y detrás de esa maraña de sonrisa y belleza te he sentido hermosa, triste, inabarcable.
Si he de perder la esperanza quiero seguir sus pasos, allá donde vaya, donde el verde se vuelve negro. Me preguntas cómo estoy y terminaré por responder “enamorado”, para mirarte a los ojos desde trescientos doce metros.
¿De verdad es imposible? ¿De verdad mi templo, que es tu cuerpo, mi Diosa, que es tu alma, y mi Sentido, que eres tú, son tan inalcanzables para un mortal que sigue la luz de tu coraje? No hay paz en una fantasía en la que ni la muerte nos hace libres. No hay sustento en un mundo en el que no vivimos por lo Bello. No me resigno a aceptar que vivimos para morir, si no para amar, y ser amados.
Hoy no sé qué contarte, sólo agradecerte que sigas encontrando momentos para bajar aquí y renovar la bombona de mis pulmones. Hoy, como un empalamiento constante desde que abrí los ojos a la Verdad, el dolor puede a la razón. Hoy te quiero, ¿qué puede decir quien ha malgastado tantas palabras en quizá una lucha insensata?
Te quiero, te quiero, te quiero, maldita sea! Dame una solución; yo sólo quiero un mundo mejor, en el que seamos felices. Un mundo en el que me ames, un mundo posible, un lugar donde hay alguien... y mientras atenaza ya los tendones el sueño tan típico de los exámenes del día siguiente, desfallezco pensando en ti otra noche... añadiendo otra cuenta en el ábaco que ha de determinar el momento de la Última Locura.